
La gracia de vida eterna no será contenida en ninguna forma o punto particular especifico sino en el vacío inegoista. La meditación no tiene como meta el abandonar los sentidos o los pensamientos sino solo, el no ser presa o cautivo de ellos.
Aquel que medita, comprende verdaderamente, la libertad del ave que vuela y encuentra en esta visión, por ejemplo, esplendor, asombro y expansión eterna.
De esta forma, la mente en forma firmemente contemplativa, se vuelve una con el espíritu, quien ofrece las alas de sabiduría y compasión, permitiendo el fluir en el espacio eterno del Amor Verdadero.




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